viernes, 17 de abril de 2009

Crónica. Detrás de una estrella 'carioca'.

No fue fácil encontrarla. Y cuando lo hicimos, cuando al fin la vimos, pasó delante de nosotros desplegando su sonrisa enorme. Fue un instante; cuestión de segundos. La historia comenzó días atrás, luego de que logramos contactarla para que nos hablara sobre "Preciso andar", el documental que ha barrido todos los récords de audiencia en el mundo. Muy cordial, con su acento brasileño que suena a Samba, nos dijo que viajaría a Madrid en los próximos días y que apenas llegara nos recibiría con gusto. Después de eso no volvió a responder correos ni a contestar el teléfono móvil que conseguimos usando una que otra táctica sucia.

No nos quedó más opción que tomar el metro hasta el aeropuerto de Barajas y perdernos entre la alocada multitud que a esa hora, poco antes del medio día, la esperaba ansiosa: jóvenes con pancartas, periodistas armados de cámaras que peleaban por un puesto. A la salida de los vuelos internacionales, una docena de escoltas asustados ante la fanática multitud intentaba amainar los ánimos.

Arepa llegó puntual, esperando que Fabianne Brito Roque, la nueva estrella del firmamento brasileño, se acordara de nosotros. Pero, ¿cómo iba a hacerlo si jamás nos había visto? ¿Si apenas habíamos cruzado un par de palabras formales? Eso nos preguntábamos cuando la vimos salir por la puerta, mientras las luces de los flashes desplegaban un sol artificial. Ahí estaba la nueva realidad del cine latinoamericano; la mujer que ha sido alabada por Fernando Meirelles y Walter Salles; la chica que a pesar de la fama sigue amando los chocolates y pelea por quedarse hasta tarde en la cama.

Cuando la masa uniforme de manos y cámaras intentó acercarse a ella, se chocó de frente con la barrera de los guardaespaldas; Arepa intentó franquear ese muro de músculos y trajes con corbata, pero fue imposible. Apenas pudimos verla de lejos, haciendo adiós con la mano, riéndose, disfrutando las mieles de su gloria. Lo que sí pudimos fue conseguir su video, que publicamos a continuación con permiso de la autora y sin violar ningún derecho de autor. De ella, por desgracia, sólo nos queda un recuerdo borroso.




jueves, 16 de abril de 2009

La Anti-Entrevista

Iván Hernández
“Me gustaría partirle la cara a mis amigos”

Este periodista mexicano, de humor ácido como el limón del tequila, tuvo que dejar el trago por culpa de un médico amateur. En sus ratos libres intenta aprender periodismo (¿más?) y se las da de entrevistador de escritores en un blog llamado La sala de interrogatorios. Agradecemos el tiempo que sacó de su agenda para contestar la entrevista de Arepa.


¿Cuál es el libro malo que más ha disfrutado?
Más que libros, disfruto leyendo la revista Cuore, donde los famosos se echan pedos y se sacan los mocos.

¿Cree que el periodismo sirve para algo?
Siempre pensé que el papel periódico servía para envolver la mierda de los perros o los camotes mexicanos, pero ahora, ¿como envuelves la mierda de tu perro con una página web? Eso entristece. El buen periodismo lo recortaba con tijeras y lo guardaba en un fólder; más que buen periodismo hay algunos buenos reporteros, pero los buenos reporteros se vuelven invisibles.

¿Y la literatura?
Puff, yo que sé. Al que no se puede despegar de la literatura por amor o por amargura eso ni se le pregunta.

¿A qué personaje literario le gustaría llevar a la cama?
A Molly Bloom.

Qué es peor: ¿un escritor fracasado o un crítico?
Como todos los escritores fracasan en cierta medida y los mejores críticos son escritores, lo peor son los críticos exitosos.

¿Qué es lo que más detesta de los escritores?
Que presuman de detestar la vida de clase media cuando casi todos la llevan, o que los supuestamente malditos sean clasemedieros. Pero, sobre todo, que escriban de ballenas blancas o de fantasmas desde un punto de vista de clase media realista.

¿Preferiría ser un autor leído por miles y criticado por una minoría intelectual, o uno alabado por los críticos y desconocido?
¡Puta madre!, pues si fuera algún día un escritor de masas con la cantidad de viejas que tiene Lenny Kravitz alrededor, no estaría mal, aunque la distinción entre lo culto y lo popular se refiere menos a la literatura que a la relación de los libros con el poder.

¿A quién le gustaría partirle la cara?
A todos mis amigos, para empezar.

¿Cuándo fue la última vez que se rió de alguien?
Casi siempre me estoy riendo, muchas veces que la gente se ríe conmigo, y al final me doy cuenta de que piensan que me río de ellos, así que mejor me río pa’ dentro.

¿Cree que esta entrevista sirve para algo?
Para hacerme una paja, que se está volviendo dolorosa, mamón.

miércoles, 15 de abril de 2009

¿Para qué sirve un blog?

Más allá de las sesudas discusiones sobre el papel que desempeñan estas bitácoras virtuales en los espacios de opinión pública o de la forma como, supuestamente, los bloguers van –digo, vamos– a cambiar el escenario mediático, creo que de un tiempo para acá no se ha inventado mejor herramienta para que una manada de ociosos se dedique a mamar gallo. Porque no nos digamos mentiras: si aquel que escribe es un desocupado, el que redacta un blog es un verdadero haragán. Uno no hace un blog para convertirse en adalid de la verdad y desmentir todo lo que dice un periódico como El Tiempo (aunque los hay); ni para transformarse en el primer escritor virtual que desbancará a Coelho en ganancias (aunque también los hay); ni para convertirse en una estrella del ciberespacio (aunque abundan los aspirantes). Uno hace un blog para divertirse. ¿Que hace falta la mano del editor? ¡Pues claro! Pero, ¿a quién le importa? La ventaja de un blog –o la desventaja– es que el autor puede poner cualquier cantidad de barbaridades para que amigos y detractores se rían, bien sea porque escribe divertido o porque redacta puros disparates. O para que no lo lea nadie (que también los hay, y son legión). Hagan la prueba: saltando de blog en blog uno pasa fácilmente de la carcajada a la indignación. Por eso me encantan.