No fue fácil encontrarla. Y cuando lo hicimos, cuando al fin la vimos, pasó delante de nosotros desplegando su sonrisa enorme. Fue un instante; cuestión de segundos. La historia comenzó días atrás, luego de que logramos contactarla para que nos hablara sobre "Preciso andar", el documental que ha barrido todos los récords de audiencia en el mundo. Muy cordial, con su acento brasileño que suena a Samba, nos dijo que viajaría a Madrid en los próximos días y que apenas llegara nos recibiría con gusto. Después de eso no volvió a responder correos ni a contestar el teléfono móvil que conseguimos usando una que otra táctica sucia. No nos quedó más opción que tomar el metro hasta el aeropuerto de Barajas y perdernos entre la alocada multitud que a esa hora, poco antes del medio día, la esperaba ansiosa: jóvenes con pancartas, periodistas armados de cámaras que peleaban por un puesto. A la salida de los vuelos internacionales, una docena de escoltas asustados ante la fanática multitud intentaba amainar los ánimos.
Arepa llegó puntual, esperando que Fabianne Brito Roque, la nueva estrella del firmamento brasileño, se acordara de nosotros. Pero, ¿cómo iba a hacerlo si jamás nos había visto? ¿Si apenas habíamos cruzado un par de palabras formales? Eso nos preguntábamos cuando la vimos salir por la puerta, mientras las luces de los flashes desplegaban un sol artificial. Ahí estaba la nueva realidad del cine latinoamericano; la mujer que ha sido alabada por Fernando Meirelles y Walter Salles; la chica que a pesar de la fama sigue amando los chocolates y pelea por quedarse hasta tarde en la cama.
Cuando la masa uniforme de manos y cámaras intentó acercarse a ella, se chocó de frente con la barrera de los guardaespaldas; Arepa intentó franquear ese muro de músculos y trajes con corbata, pero fue imposible. Apenas pudimos verla de lejos, haciendo adiós con la mano, riéndose, disfrutando las mieles de su gloria. Lo que sí pudimos fue conseguir su video, que publicamos a continuación con permiso de la autora y sin violar ningún derecho de autor. De ella, por desgracia, sólo nos queda un recuerdo borroso.


